Hace cuatro años la mayoría de políticos, medios de comunicación y comentaristas financieros no pararon de vaticinar el fin del mundo para Colombia si Gustavo Petro llegaba a la presidencia. Esta campaña de miedo continuó durante todo su mandato, y ahora, en la actual campaña presidencial, se ha intensificado contra la candidatura de Iván Cepeda. En este contexto vale la pena juzgar de manera ecuánime la trayectoria de los principales indicadores macroeconómicos durante el gobierno de Petro.
La gráfica n.1 presenta el crecimiento económico de cada cuatrienio presidencial, empezando en el 2007 con el segundo periodo del expresidente Uribe. Pero como cada periodo tuvo sus propias coyunturas macroeconómicas (crisis financiera del 2008, boom de los commodities, crisis del petróleo, pandemia Covid-19, tensiones geopolíticas internacionales, etc.), entonces para juzgar el resultado de cada cuatrienio es pertinente compararlo con el desempeño de países similares en ese mismo periodo de tiempo. Para realizar esta comparación utilizo el promedio del crecimiento de Brasil, Chile, Ecuador y Perú, países similares a Colombia[1]. El resultado es que el crecimiento económico de Colombia (barra naranjada) ha seguido la tendencia del crecimiento económico promedio de países similares (barra verde) en todos los periodos presidenciales, incluyendo el de Petro. Adicionalmente, se puede evidenciar cómo el promedio del crecimiento de los países vecinos fue superior al nuestro desde el 2007 hasta el 2018, y cómo esta diferencia se redujo durante los gobiernos de Duque y de Petro. El crecimiento económico de Colombia, como el de la mayoría de los países de la región, ha dependido más de las condiciones globales y menos de quién ha estado en el gobierno. En conclusión, cuando finalice el gobierno de Petro seremos casi 8% más ricos que al inicio de su mandato, y aunque este crecimiento es menor a los anteriores cuatrienios presidenciales, esto no se debe a un resultado atípico sino que sigue la tendencia macroeconómica de la región y el mundo.

Durante el gobierno de Petro el desempleo ha disminuido y ha llegado a mínimos históricos, 8,8%, como muestra la línea naranjada de la gráfica n.2. Los números en verde o en rojo encima de cada presidente muestran la variación del desempleo para cada cuatrienio. La disminución del desempleo del gobierno de Petro no ha sido, como muchos creen, resultado de un aumento excesivo del empleo público. La línea azul muestra la categoría del DANE para “empleo público, trabajadores de la salud y la educación” como porcentaje del empleo total. Los datos están disponibles desde el año 2015, y es claro que este rubro se ha mantenido constante alrededor del 12% en todos los gobiernos, incluyendo el de Petro. Adicionalmente, y también contrario a lo que muchos creen, la informalidad laboral ha disminuido y se encuentra en mínimos históricos, pasando del 50% en el 2006 al 41% en el 2026, como lo muestra la línea verde (el eje vertical de este indicador está al lado derecho)[2].

Esta disminución del desempleo y de la informalidad laboral estuvo acompañada de un crecimiento de los salarios reales, es decir, de la capacidad real de compra de los salarios. La gráfica n.3 muestra los cambios mensuales acumulados del salario real (el salario real es el aumento del salario menos la inflación) para cada cuatrienio de manera independiente[3]. Es evidente que el cambio acumulado del salario real (empezando el primero de enero de cada mandato presidencial y terminando en diciembre de su último año) en los gobiernos pasados fue mínimo, cuando no negativo, y que durante el gobierno de Petro el aumento de la capacidad de compra real acumulada durante su cuatrienio será de más de 20%.

El crecimiento económico, la disminución del desempleo, el aumento del salario real y la implementación de otras políticas públicas[4] ha permitido que la pobreza en Colombia siga el camino descendente. La gráfica n.4 muestra la evolución de la pobreza monetaria, la clase media y la pobreza multidimensional desde que se tienen mediciones comparables, esto es, desde el año 2012. Vemos que los últimos datos disponibles de pobreza se encuentran en su mínimo histórico y es de esperar que los datos del 2026 vayan a seguir esta senda descendiente de la pobreza con disminuciones mucho más pronunciadas, así como un aumento consistente de la clase media.

Estos logros en empleo, pobreza y salarios se han logrado de manera paralela a una inflación a la baja durante los primero dos años del gobierno de Petro, aunque estancada en el último año y medio alrededor del 5-6%, como evidencia la línea naranjada de la gráfica n.5. El Banco de la República de Colombia, que controla la inflación a través de la tasa de interés de política monetaria, ha adoptado una estrategia agresiva en su política monetaria como se puede evidenciar también en la gráfica n.5, en la que la línea azul representa la tasa de interés establecida por el Banco Central. Las altas tasas de interés han contribuido a controlar la inflación, pero con dos efectos negativos: el primero es que ha afectado directamente la inversión privada, que durante este cuatrienio ha llegado a mínimos históricos. Este es quizá el punto más negativo de este cuatrienio. El segundo efecto negativo de las altas tasas del Banco Central es que encarece la deuda pública, pues la tasa de interés que fija el Banco Central es un ancla sobre el cual la tasa de la nueva deuda pública fluctúa.

Por último revisemos la deuda pública, tema que ha generado mucha confusión y miedo. La gráfica n.6 presenta la deuda pública neta del gobierno central como porcentaje del PIB, y la deuda pública externa neta como porcentaje del PIB[5]. Es evidente que el aumento de la deuda pública viene creciendo desde el año 2012 de manera consistente, y que durante el gobierno de Petro apenas aumentará ligeramente (menos de 1 punto porcentual). De hecho, las proyecciones para los próximos años son que la deuda pública neta va a disminuir. Adicionalmente, la deuda pública neta externa ha disminuido considerablemente durante este cuatrienio, en parte porque el peso colombiano se ha apreciado en relación al dólar, y en parte por varias operaciones de reducción de deuda externa que el gobierno a realizado de manera exitosa.
Varios comentarios adicionales y necesarios al respecto de la deuda pública: primero, hay que tener en consideración que este gobierno pagó la deuda que el Gobierno de Duque tomó con el Fondo Monetario Internacional para atender la pandemia por un valor de casi 20 billones de pesos, deuda que pudo haber intentado renegociar en vez de pagar. Segundo, este gobierno también pagó la deuda del fondo de estabilización de los combustibles que habían dejado acumular los gobiernos de Santos y Duque, por un valor de casi 70 billones de pesos. Bien pudo el gobierno de Petro no haberlo hecho y seguir acumulando la deuda. Estas dos acciones que suman casi 90 billones de pesos que salieron del presupuesto general son prueba de un manejo fiscal responsable. Tercero, el gobierno ha realizado varias acciones de manejo de deuda externa exitosas, contribuyendo significativamente a disminuir el riesgo de la deuda del país frente a factores externos y a disminuir al pago de intereses pagados en moneda extranjera en el futuro de manera considerable. Cuarto, el gobierno aumentó el gasto público pero sus ingresos no aumentaron, lo que llevó a incurrir en déficits fiscales relativamente altos. Estos déficits fiscales fueron cubiertos con nueva deuda pública. La razón por la cual los ingresos del gobierno no aumentaron fue porque prácticamente no pudo aprobar de manera exitosa ninguna de sus reformas tributarias (la primera la tumbó en su esencia la Corte Constitucional, otras dos no fueron aprobadas en el Congreso, y el Consejo de Estado tumbó un decreto de emergencia económica). Quinto, los relativamente altos déficits fiscales que mantuvo el gobierno, sumado a las altas tasas de interés de política monetaria del Banco de la República, hicieron que las tasas de interés de la nueva deuda pública llegaran a niveles históricamente altos, lo cual es negativo. El resultado final de todo esto es que, por un lado, el gobierno pagó la deuda con el FMI, el fondo de combustibles y redujo la deuda externa, y por el otro lado se endeudó más y a más altas tasas de interés. Esto movimientos contrarios han hecho que, en el agregado, la deuda pública neta del gobierno central se vaya a mantener esencialmente invariada durante este cuatrienio; la deuda pública está hoy considerablemente menos expuesta a choques externos por la disminución de la deuda pública externa; y la deuda fue y sigue siendo sostenible –una de las mediciones básica de sostenibilidad de la deuda pública es si la tasa de crecimiento nominal de la economía es superior a la tasa promedio nominal de la deuda pública. Este requisito se ha cumplido durante el cuatrienio de Petro y se proyecta que se siga cumpliendo para los próximos años. En todo caso, es urgente que la tasa de interés de la nueva deuda baje como requisito mínimo de sostenibilidad a futuro.

En conclusión: 1. Hoy somos casi 8% más ricos, y aunque este crecimiento es bastante modesto sigue la tendencia macroeconómica de la región y el mundo; 2. Tenemos menor desempleo, menor informalidad y mejores salarios reales; 3. La pobreza ha disminuido y se espera que lo siga haciendo de manera pronunciada; 4. Tenemos una inflación ligeramente alta pero estable; 5. La situación fiscal viene apretada desde el 2013, pero en todo caso Colombia ha cumplido con todas sus obligaciones fiscales y aunque la deuda pública aumentó ligeramente, esta sigue y seguirá siendo sostenible con una tendencia a la baja para los próximos años.
Después de cuatro años de campañas ininterrumpidas de miedo resulta que hoy estamos, en muchos aspectos, mejor. Ojalá que el gobierno que llegue realice por fin una reforma tributaria estructural que le permita disminuir sus déficits fiscales sin recortar el gasto público; que la inflación se modere y el Banco de la República baje las tasas de interés; y que el sector privado y el Gobierno se pongan de acuerdo para aumentar la inversión productiva que permita avanzar por fin en la senda de una capitalismo productivo y justo.
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Notas:

