En la primera parte de esta entrega sobre la desigualdad reflexioné sobre la expresión “que no nos dividan entre ricos y pobres” tan repetida por políticos colombianos. En esta segunda parte iniciaré la reflexión a partir de otro lema que muchas figuras políticas de manera reiterada invocan: “la mejor política contra la desigualdad es el crecimiento económico”. El argumento que suelen aducir es que lo crucial es eliminar la pobreza y no tanto disminuir la brecha entre ricos y pobres, y para poder sacar a la gente de la pobreza no se necesitan políticas redistributivas sino crecer más. De hecho, las políticas redistributivas son un obstáculo para el crecimiento económico por lo que al final serán políticas que van en contra del interés de los mismos pobres. Para defender el statu quo de Colombia mostrarán cómo las cifras de pobreza han disminuido en las últimas décadas (lo cual es cierto y siempre positivo), y cómo supuestamente en la última década el crecimiento del ingreso de los más pobres fue superior al de los más ricos[1]. Finalmente, alguna explicación económica como la ley de Kuznets o la teoría del derrame económico tendrá el rol de cerrar el argumento con autoridad incuestionable. A este tipo de razonamiento lo llamaré la posición ortodoxa sobre la desigualdad. Para entrar en diálogo con esta posición ortodoxa es menester ir paso a paso.

Primero, la postura ortodoxa no concibe la desigualdad como un problema arguyendo que lo único relevante es la pobreza[2]. Contra esta posición hay que insistir en que la desigualdad es un problema en sí mismo –moral y práctico– y no un mero apéndice menor del problema de la pobreza. Las razones morales son autoevidentes: que el 30% más pobre de Colombia viva por debajo de la línea de pobreza mientras que el 10% más rico acapara el 80% de los ingresos es inaceptable, más aún cuando esta diferencia no obedece a ninguna meritocracia sino, en la mayoría de veces, a la riqueza o miseria heredada[3]. Las razones prácticas están relacionadas con que las sociedades más igualitarias tienen mayor cohesión social, mejor democracia y menor violencia[4]. La percepción de bienestar, la integración y la cohesión social no dependen exclusivamente de lo que cada uno tiene de manera aislada, sino de cuán diferente se es frente al resto de la sociedad. En este sentido, una vez superado un umbral mínimo de pobreza, se podría sostener que una sociedad menos rica y más igual podría ser más funcional y deseable en su conjunto que una sociedad con mayor riqueza y con mayor desigualdad.

Segundo, las posiciones ortodoxas sostienen que la pobreza es consecuencia de un nivel insuficiente de riqueza, y por lo tanto la única solución es crecer más. Esto es sólo una cara de la moneda, porque implica ignorar que el estado actual de pobreza se explica por una distribución desigual de la riqueza generada en el pasado y mantenida en el presente. Al argumento de que los más pobres se verán beneficiados si hay más riqueza en el futuro, se le contrapone la cara oculta de que hoy no habría pobres si la riqueza existente fuese mejor distribuida. Como dijo Tawney hace más de un siglo, «lo que las personas ricas meditativas denominan el problema de la pobreza, las personas meditativas pobres lo llaman con igual justicia un problema de riqueza»[5]. Con el nivel de riqueza que tiene Colombia hoy, que no es muy alto comparativamente, se podría incluso argüir que el problema de la pobreza es un apéndice del problema de la desigualdad. En todo caso, las dos caras de la moneda tienen algo de cierto y se deben acompasar: la pobreza hay que combatirla distribuyendo la riqueza existente y creando a futuro más riqueza para todos.

Tercero, los argumentos “técnicos” de la ortodoxia son debatibles. Dos ejemplos: (1) Hay quienes defienden la desigualdad a partir de la “ley” de Kuznets. Esta “ley” dice que los países en su proceso de desarrollo experimentan una primera fase de crecimiento económico acompañado de un aumento de la desigualdad, seguido por una fase de estabilización en la cual la desigualdad disminuye. Esta teoría está sustentada en datos observados para Estados Unidos para la primera mitad del siglo XX, y fue luego extrapolada como una ley general económica, razón por la cual los países están condenados a aceptar aumentos en la desigualdad transitorios en su proceso de desarrollo. Pero si extendemos el periodo de estudio hasta el día de hoy nos damos cuenta que la desigualdad en Estados Unidos disminuyó y luego volvió a aumentar drásticamente. La conclusión es que en realidad los ciclos de desigualdad no obedecen a leyes inexorables del desarrollo sino a decisiones de política económica[6]. (2) Otro argumento que sostienen implícitamente a favor de la desigualdad es el del famoso derrame o cascada económica. El argumento es simple: la desigualdad no importa porque cuando quienes más ganan gastan su dinero, se genera un efecto cascada o de derrame de este dinero en toda la sociedad. Si a los ricos les va bien, les va bien a los restaurantes donde ellos cenan, a los hoteles donde van de vacaciones, a las empleadas domésticas que contratan, etcétera. El dinero de los ricos, continúa el argumento ortodoxo, finalmente se termina compartiendo y repartiendo a toda la sociedad por los mecanismos naturales del mercado. Este argumento es condenable moralmente y objetable teóricamente. Es condenable moralmente porque valida el hecho de que una porción pequeña de la población tenga una vida relativamente lujosa para que el resto de la población pueda, a modo de migajas, tener algo. Es objetable teóricamente porque la mayor capacidad de gasto de los ricos no se transformará en inversiones socialmente productivas. Dado el bajo consumo de la sociedad en general y por lo tanto de demanda agregada, no habría incentivos para invertir.  Es probable que se destine estos ingresos a consumo en bienes de lujo, o en comprar activos centrales de la sociedad como la tierra o las viviendas para vivir de rentas –en contraposición a inversiones socialmente productivas como industria, agricultura, educación, salud, infraestructura, etc.

Cuarto, la ortodoxia defiende empíricamente la evolución de la desigualdad en Colombia arguyendo que “no es tan grave”. Este es el caso de las dos entregas sobre la desigualdad que escribió Anif (Asociación Nacional de Instituciones Financieras de Colombia) en el periódico La república en el año 2023, en las cuales “derriba mitos sobre la desigualdad en Colombia”[7].  Lo curioso es el esfuerzo para matizar el problema de la desigualdad arguyendo que ha mejorado un poquito o que no somos el país más desigual del mundo. Aun si Colombia no es el país más desigual del mundo, está sin duda entre los 10 países más desiguales del mundo y la mejoría en sus niveles de desigualdad avanza lentamente. Esto es alarmante, y surge la pregunta –retórica– de por qué la ortodoxia se esfuerza tanto en matizar esta realidad.

Margaret Thatcher, la ex primera ministra de Inglaterra famosa por sus posturas conservadoras y pro libre mercado en los años 80ʾs, atacó a quienes estaban a favor de las políticas distributivas porque “prefieren que los pobres sean más pobres con tal de que los ricos sean menos ricos y se disminuya la desigualdad”. Esta frase se hizo famosa y representa a la perfección la posición de la ortodoxia: la desigualdad no importa con tal de que se cree más riqueza. En contraposición a esta postura, hay quienes pensamos y abogamos por otravía: (i) primero, entender la desigualdad como un problema central que afecta la cohesión, el bienestar, la democracia y la seguridad de nuestra sociedad; (ii) segundo, entender que la desigualdad no es producto de poca riqueza sino de una mala distribución de la riqueza ya creada; (iii) tercero,  entender que el crecimiento económico y la desigualdad no son objetivos contradictorios, sino que es posible implementar un conjunto de políticas que permitan generar mayor riqueza y disminuir la desigualdad al mismo tiempo; (iv) cuarto, y en completa oposición a Margaret Thatcher, dado unos mínimos materiales, hay quienes preferimos un país menos rico y más igualitario a uno más rico pero con mayor desigualdad; (v) y quinto, las reciente mejoras en materia de desigualdad en Colombia son insuficientes y avanzan demasiado lento. Colombia vive en un estado crítico de desigualdad que lastimosamente ha sido naturalizado. Pero soñar y abogar por una Colombia mucho menos desigual en el mediano plazo es posible. Para esto, es necesario implementar políticas decididas que contribuyan a una disminución en la desigualdad de oportunidades, de ingresos, de patrimonio, de la tenencia de la tierra y en la participación política.


Notas:

[1] Anif, 2023, La República, Sacado de: https://www.larepublica.co/analisis/anif-3478852/desigualdad-en-colombia-derrumbando-mitos-parte-ii-3740226
[2] A modo de ejemplo, dos entradas de columnas de opinión del periódico La República que defienden explícitamente este tipo de posiciones: Camilo Guzmán, La República, 2025, Sacado de: https://www.larepublica.co/analisis/camilo-guzman-3193497/el-consenso-de-la-igualdad-4160491; Santiago Casto, La República, 2021, Sacado de: https://www.larepublica.co/analisis/santiago-castro-gomez-513871/es-la-pobreza-no-la-desigualdad-3232420
[3] Ver alguna de las siguientes dos notas: Bloomberg Linea, 2024, Sacado de: https://www.bloomberglinea.com/2024/02/22/latinoamerica-es-una-region-de-fortunas-heredadas-que-supera-a-eeuu-o-china/ ; Infobae, 2024, Sacado de: https://www.infobae.com/colombia/2024/02/15/en-colombia-la-pobreza-se-sigue-heredando-en-la-mayoria-de-los-casos-segun-estudio/
[4] A modo de ejemplo, este artículo académico muestra la relación entre la desigualdad y la democracia: Rau and Stokes (2024) Income inequality and the erosion of democracy in the twenty-first century, sacado de : https://www.pnas.org/doi/epub/10.1073/pnas.2422543121
[5] Tawney citado en Atkinson (2016) Desigualdad ¿Qué podemos hacer?, Fondo de Cultura Económica.
[6] Piketty (2019) Capital e ideología, Editorial Deusto.
[7] Anif, 2023, La República, Sacado de: https://www.larepublica.co/analisis/anif-3478852/desigualdad-en-colombia-derrumbando-mitos-parte-i-3734891 ; y Anif, 2023, La República, Sacado de: https://www.larepublica.co/analisis/anif-3478852/desigualdad-en-colombia-derrumbando-mitos-parte-ii-3740226